lunes, marzo 06, 2006

el borde


Me gusta la palabra borde, porque tiene un sonido suave que agrega una como ternura a esta idea de límite, de frontera que separa una cosa de otra, que traza la línea que divide el ser y la nada. Tiene algo de la redondez de la palabra burbuja, ese tipo de ternura. Y al mismo tiempo es de una fuerza y una consistencia tremendas.

Pero es la idea lo que más me inquieta, eso que está en el límite microscópico, en un punto intermedio, indefinible. Esa sensación como de que todo límite es arbitrario e ilusorio y que habitamos un gran continuo que conecta en sentido semántico y físico tu boca con la mía, por decir algo, mi mano y tu mentón, tu pelo y mis dedos, tu pie y mi pie. Tu algo y mi algo, lo que sea: nuestros cuerpos, materia que ocupa un sitio encajado en tres dimensiones, cuatro con cueva. Y eso que está donde se acaba la magnitud de la cosa: su borde. Esa huevá esquiva y hermosa, la superficie por donde paso la mano cuando te toco, lo que es tu forma pero ya no eres tú.


Mi hermano tiene la costumbre de responder a casi todas las preguntas con "casi" y siempre pienso que no hay nada más cierto. Ha dado con una clave que tiene que ver con todo esto que no sucede nunca y que está del otro lado de la realidad, pero siempre a punto de pasar, siempre casi, siempre viniendo. Es la realidad de lo que pudo haber sido y no es, del qué hubiera pasado si y todo ese coñazo insostenible e inasible. Y que, por la cresta, es una herida abierta que produce un dolor tremendo. Otra vez, el borde.


Te miro a los ojos con una profundidad carente de bordes y parece que en ese gesto se disolvieran todos los límites por completo. Me despedía de tí siempre pensando en ese beso al borde, al borde de los labios, pero en el fondo al borde de ser otra cosa, una pista, un límite que se pisa y que tiembla. Terrible beso que no es nada, y es todo lo que siempre tuvimos y no hay más, entonces aferrarse a ese momento agónico como al borde de una cornisa para no caer, para no perder del todo la posibilidad de poseer tus labios en ese beso que en alguna dimensión paralela nos dimos y que nos damos. Y el primero fue en el auto que ahora me robaron, y ahora los recuerdos solamente están en la piel y en ninguna otra parte, y es en ese momento donde estas mujeres son todas las mujeres y cuesta tanto saber cuál es el borde. Dónde está el límite natural que me permitirá no confundir tu boca con tu boca, y besar de un lado o de otro ese borde que es límite y es frontera, frontera que se cruza, que se abre y que asusta.

El borde es esa fábrica de vértigo que trato de agarrar y se me arranca. Y en un intento de racionalizar el beso, la distancia, la mujer, paso mi mano por sobre tus contornos, trato de saber qué es esto, dónde está, cómo entenderlo,
y sobre todo hasta cuándo cresta.

13 comentarios:

Mary Rogers dijo...

creo que 'casi' siempre estamos al borde... del pasado, del presente, del futuro, de ser o dejar de ser... y así hasta el infinito. El borde quizás sea lo único que existe cuando pareciera que no queda nada.
Gran post!
Un abrazo

Antonia Katz dijo...

Bello y profundo post... me has dejado con tantas preguntas, con tantas imagenes al desnudo. Kundera en uno de sus libros habla justamente habla del vértigo y lo narra no como el miedo a la caida, sino ese deseo a veces absurdo de caer de una vez por todas y encontrar eso que nos invita a reventarnos contra el suelo... Confio en que los límites se trascienden que hay estados mentales, espirituales, kafkianos que así lo permiten y nos llevan de un mundo a otro, y no conocen fronteras, esas que de tanto marcarlas en el mapa se convierten en cicatrices. Un abrazo para ti (no dejes de contarme cómo te fue el sábado)

c. dijo...

si digo borde despacito, suena antiguo, dulce y redondo, como la palabra ojal... pero termino de decir borde y entonces la fuerza del límite, del vértigo y la frontera... saludos, c.

pd. sí, toda la razón, después de la nostalgia, viene el presente que es mejor que lo otro, pero sucede que a veces el presente y yo nos perdemos, nos hacemos bolsa... el sábado íbamos a ir a escucharte, el presente y yo, pero sigo demasiado resfriada y el presente dijo que mejor descansaba y tomaba limonada...imaginó que salió todo super bien, más saludos...

Trini(dad) Ramírez dijo...

Me cautivaste querido amigo, estaba divagando y me encontré aquí imnotizada por tu prosa.

Lo más extraño es que yo estoy dando vueltas y vueltas al vértigo y su protagonismo en mi vida hace como dos meses. Ese borde que nos empuja y que nos sostiene, en mi "espacio" hay algo de eso.

Gracias por conectarte nuevamente con mi historia de una forma muy misteriosa.

Amanda dijo...

me dejaste prendida del borde, me gusto tu texto, lleno de recobecos, hendiduras, profundidades...
borde y vértigo maravillosas palabras, misteriosas también, todo es aún posible...
un gran abrazo

felipe dijo...

En que momento una acopia las mitades entre dos cuerpos, y efectivamente toca el borde¿? en que minuto se acaba la distancia y se llega al limite¿? cuál es la frontera de cada cosa¿? es como para volverse mono, me dejaste pensando. En realidad todo tiene un borde, uno acostumbra a encontrarlo en las líneas pero no en los objetos. Si rodeas uno, el borde se acaba, el borde deja de ser borde

Colombine dijo...

tu texto , tan hermoso , me recordó un poema de Aleixandre que también habla de bordes , bordes que, como a tí , me preocupan pues marcan unos límites que a menudo quedan fieramente marcados y otras veces se difuminan y confunden. Saludos .

Como la mar, los besos
(Vicente Aleixandre)

No importan los emblemas
ni las vanas palabras que son un soplo sólo.
Importa el eco de lo que oí y escucho.
Tu voz, que muerta vive, como yo que al pasar aquí aún te hablo.

Eras más consistente,
más duradera, no porque te besase,
ni porque en ti asiera firme a la existencia.
Sino porque como la mar
después que arena invade temerosa se ahonda.
En verdes o en espumas la mar, feliz, se aleja.
Como ella fue y volvió tú nunca vuelves.

Quizá porque, rodada
sobre playa sin fin, no pude hallarte.
La huella de tu espuma,
cuando el agua se va, queda en los bordes.

Sólo bordes encuentro. Sólo el filo de voz que en mí quedara.
Como un alga tus besos.
Mágicos en la luz, pues muertos tornan.

Andrés dijo...

Rechuchamadre. Permíteme tomar estas palabras: "hasta cuando cresta"..

El borde así descrito me recuerda la idea Heracliteana del devenir, o bueno, la wevá de Lavoisier, o tantas otras ideas que nos recuerdan la continuidad y discontinuidad del universo. ¿Pero que remierda es el universo? Digo, por qué preguntamos cuando decimos no entender, cuando dices no entender "el beso, la distancia"...Creo que si el borde es una fábrica de vértigo que tratas de arrancar y se te arranca, se trata de mas o menos de una wevada como la vida misma. O como dice nuestra querida amiga: "vida corriendo tras el sentido de la vida". ¿Hasta cuando cresta? No hay un "hasta", pero si un "cresta". Un "por la rechuchatumare". Un límite insondable. El ser y la nada. Fronteras, fronteras. Nada más.

lii dijo...

siempre estoy en el casi

pomelo dijo...

borde...que bonito como describes la palabra...

lo que pudo haber sido y no fue, esa excesiva necesidad del alma por la nada me recuerda a fernando pessoa...en sus poemas el desbroza, dulce y crudamente esta sensacion.
saludos, nos leemos.

Antonia Katz dijo...

Marcelo en mi blog hay una historia sufí que quería compartir contigo

Mamut dijo...

Llegar hasta allí no implicará también conectarse siempre con el vacío que hay debajo, y traspasarlo no será como lo expresa anguita cuando dice: cuando el besar del vino hace saber al labio, ¿sabes tú lo que sabes?

www.espaciodeartificio.blogspot.com

Quiltreaux dijo...

Ahora seguí leyendo y me encontré con esto, que se parece al soliloquio de Johnny Carter en el metro de París. Tai cagado amigo mío (en el mejor de los sentidos). Cagado como el más perro de los músicos, y ojo que para un quiltro la palabra perro no es precisamente un insulto.