domingo, enero 21, 2007

grutas varias y lc. 4



Hace unos días estuve bien encerrado en una gruta oscura, de la que solamente me sacaba a ciertas horas afortunadas la voz de novia-Ber. Ella es, como siempre, una tregua contra todo lo otro, lo que hace hundirse las patitas en el sustrato por el que se anda.
La gruta se aclaró con los días y con los intentos serios de llevar hasta ella una buena bombilla de luz artificial, aunque actualmente la presencia de energía eléctrica solamente ha conseguido acumular ruidos molestos. A ello se le puede sumar el agravante de la partida de novia-Ber a un campamento. Hay humo en el interior de la gruta.

Sin embargo basta asomarse apenas de la gruta, e ir por ejemplo a la misa de domingo para constatar que el evangelio de hoy era San Lucas, capítulo 4, versículo cómo-me-voy-a-acordar, en el que nuestro protagonista de la novela va a la sinagoga y saca el pergamino de la lectura, lo abre y lee el pasaje que dice "el espíritu de Dios está sobre mí y me ha ungido para dar la buena noticia a los pobres, anunciar a los ciegos que van a ver, a los cautivos su libertad y a declarar el tiempo de gracia". Como es natural, después de cerrar el libro, todos los judíos de la sinagoga lo miran con cara de y-esto-qué-fue. El joven comienza a hablar diciendo: "hoy se han cumplido estas promesas en frente de ustedes", y se sentó. Brígido. Y mientras hace unos días se necesitaban cincuenta focos halógenos para iluminar la gruta oscura y ultimamente bastante ruidosa, ayer había silencio mientras yo en el Budapest solo-solo-solo leía hasta el final un libro de Kenzaburo Oé, y ahora hay un ánimo inmenso de ir mañana a trabajar, y pensar y cultivar neuronas septales (y pa' que les voy a dar la lata de contarles el experimento de mierda que llevo un año tratando de que resulte y parece que ahora sí, por fin). Y no solo hay ánimo, sino que también una semilla de confianza, de disponibilidad para lo que este Dios brígido ofrezca mañana. Y esta noche me ofreció escribirles a ustedes sobre lucas cuatro, y un par de cervezas, una Kunstmann Bock y una Budweiser. Al otro lado del patio oigo a unos gatitos jugar con los damascos que cayeron del árbol, y entonces, mirando la gruta pienso en el libro de Oé y digo en voz bajita "anunciar a los cautivos su libertad" y suena una especie de crack, y varias cosas se alinean y hacen sentido. Brígido.

lunes, enero 15, 2007

el tortudrilo

Como si fuera el club de la serpiente, no ya en un departamento sucio en París, sino en las Cruces, cerca del mar y de Nicanor Parra; aún manteniendo en mente a los reptiles, escogemos inventarnos uno y reconocer al tortudrilo como una inspiración. O como una espiración.

Hay humo, lápices y pintura en el cónclave. Hay conclusiones anotadas en papeles autoadhesivos pegados en la puerta de calle, y finalmente sobre la puerta del baño, como si fuera la pared de una gruta prehistórica, inscribimos con un stencil la figura del suprascripto animal mitológico y mutante, reptil que habrá de motivar sueños y discusiones de ética y evolución, de política y de estética.

Ya estoy de vuelta en Santiago, y os comparto el rostro del tortudrilo.

viernes, enero 05, 2007

el cronopio se dedicará a ser razonable

Hasta que un día la lupa le revele su límite (el de la lupa), y se dé cuenta que no es una cuestión de aumento, sino de profundidad. Entonces se acordará (te-acordarás-me-acordaré) de lo lindo que se sentía todo con los ojos cerrados y tocarse las caras lindas y jóvenes, y lo lindo que era siempre andarte como buscando, por los pasillos de esa facultad siempre ajena, también eventualmente en la capilla o en los alrededores de la librería. Que las cosas estaban puestas allí para que chocáramos de frente contra ellas y nos matáramos de la risa. Y probablemente también se acordará (te-acordarás-me-acordaré) de lo ingenuas y tristes que eran las primeras canciones y los primeros poemas con los que se inauguraban mis manos de sexto básico. Se acordará (te-acordarás-me-acordaré) de que lo primero que amó fue un olor y una voz, mucho antes de amar el cuerpo o el rostro de alguien. Un olor y una voz que siguieron volviendo bajo formas diversas, como splicing alternativos del mismo código. No será la lupa la que se lo revele, sino la torpeza de la lupa, y verá a través de ventanales mojados que todas las mujeres de su vida lo esperaron, y que fue tan lindo que lo esperaran, con sus manos abiertas, o juntas, pero fundamentalmente esperándolo con las manos. Tan lindo es, que cuando cache cuán lindo se preguntará en qué rechucha estaba pensando y botará la lupa al suelo. Y después la recogerá, eso sí, porque 1. se acordará (te acordarás-me-acordaré) de los incendios forestales y 2. porque es bueno el cilantro pero no tanto.
De lo que no cabe duda es que sentirá nostalgia (y no será una nostalyía, sino la otra palabra en portugués) y se moverá esa tarde por las calles como un objeto verde y húmedo, y estará bien.
Ese día, el día de la lupa, será martes y habrá estado lloviendo toda la noche y toda la mañana. Como a las 4 de la tarde se asomará un sol tímido y las temperaturas serán difícil de definir, sobre todo para él que carecerá de termómetro y otros dispositivos por el estilo.