viernes, mayo 12, 2006

de cuerpo presente

("the embodied mind")



¿dónde hallar las preguntas adecuadas
y los medios más lúcidos para hallar sus respuestas?

“Volver a las cosas mismas”, citabas a Husserl. Tantas veces me he acordado de ti en estos años de buscar respuestas con medios adecuados e inadecuados, he intentado dar el paso atrás y mirar el fenómeno para que hable con su propia voz, sugiera un método, una técnica para agarrarlo y comprender cómo, dónde, para qué.

Hacerme estas preguntas es volver a la pieza de mi viejo hace cinco años cuando me dijo que te habías muerto. Había como una complicidad en eso, él entendía que la noticia de que te morías era causa de una tristeza inmensa, y que esa tristeza inmensa ante la muerte volvería en unos meses al evocarlo a él mismo. Sabía que casi no hablarían de ti en las noticias y supo que se había enterado solo para mí. Es como cuando Bertoni bajó a comprar empanadas en Providencia, entró a una iglesia y se encontró con el cadáver de Rodrigo Lira adentro de un ataúd. Redes tejidas para atrapar momentos negros como túneles. Casualidades sucias y malditas. Café que no nos tomamos porque no alcanzaste a venir otra vez a Chile.

Yo también lo busco, Pancho, yo también quiero encontrarlo. Lo que sea que haya ahí, en el cuerpo animado por la vida, en el cerebro rebosante de actividad eléctrica y de circuitos. Yo también quiero saber, y me pregunto todas las mañanas dónde está, cómo funciona, cómo hallarlo. También me pregunto qué habríamos hablado en ese café que no alcanzamos a tomarnos porque se te ocurrió morirte antes de tiempo, para fundirte a la fuente que te sostenía, para desaparecer envuelto en lo que amaste.

Yo también voy a buscarlo hasta el abismo, profesor, a este jodido fenómeno profundo e inasible. Yo también voy a gastarme en observar y entender esta mente encarnada, este cerebro inquieto que me empuja a acordarme de ti esta mañana de Mayo, análoga a la última, un poco menos fría, un poco menos lejos.

Y funcionará, y si no qué diablos, no dejaremos de buscar.

11 comentarios:

cata dijo...

"Volver a la cosa misma...
...y poner en paréntesis lo que uno cree que es"

... eso es tan difícil.

Oda al científico, al pensador... en fin, al complemento pensante, descubridor y actuante que muchos quisieran ser.

Saludos.

Valentina dijo...

Cada vez que nos encntramos con Varela tenemos la oportunidad de encontrarnos con un creador maravilloso. Como pocos. Más que científico y más que filósofo. Un hombre que comprendió que no hay hiatos en lo real. Que inventó la neurología fenomenológica queriendo, en ella, integrar la experiencia del observador en pleno, éste, con todo lo que es (su religación con el misterio y la trascendencia a través del budismo, su inquietud por el devenir de lo humano -de todo lo humano, con sus luces y sus sombras-, su preocupación por darle una voz al cosmos en lo macro y lo micro...)
Ay, Oscar, nuevamente quedo agradecida de poder leerte en diálogo con lo más grande y los grandes.
Te dejo mi abrazo y mis ganas de haber compartido ese café que no llegamos a tomar con él.

c. dijo...

uffff... no puedo decir nada sobre eso, duele el café que no fue... sobre lo otro, no es provocación, dos veces me ha pasado que dices algo y eso me hace recordar otra cosa, primero fue el cuento de Cortázar (lugar llamado K.) y ahora lo del nombre, pero no es provocación, más bien, inspiración o "activación del recuerdo", así que gracias y saludos, c.

Clio dijo...

no leí el texsto... solo lo de "acerca de ismael"


eso significa que me interesa...probablemente nos encontremos.

un abrazo

Marce dijo...

Creo que una de las entrevistas más lindas que ví en "La belleza del pensar" fue a Francisco Varela y me sorprendió como un hombre de ciencias utilizaba un lenguaje simple, entendible para cualquiera de nosotros.
Después comprendí que su alma andaba por Oriente y que las emociones eran su centro.

Wind-mill dijo...

Querido amigo:

Necesito unas tijeras ahora, para desanudarme rápido de tu blog, y volver a mi escritorio desastroso a recomponer una y otra vez el regreso al siglo, al viernes, a las fotocopias de rutina. Que aterrizaje mas terrible ha sido, los ultimos años, regresar a un lugar del que no habia partido, despertar de un sueño no dormido, abrir la subjetividad y doblegar a un conciente, que siempre ha sido conciente de lo mismo. Que terrible es Oscar, por que acabo de leerte y me doy cuenta que hace meses, ¡años!, que no he habitado allí, en ese registro anverso (vivimos en un reverso feo) de la vida. Cómo sucede: tu vives allí, en un Santiago cargado, donde las plazas rumorean, las librerias guardan lamparas, los años describen grietas en las veredas rojogrises de providencia, ay providencia, y las canciones que se escuchan en cualquier aparato personal y tarreado evocan, ay, evocan, traen a la mano una intimidad robada, ay, un mundo afanoso por sutilezas y genuinas danzas de palabras camino al metro, o a la sala. ¿Por que tendre tal nostalgia? ¿Por que los obsesivos tendremos tanta prestancia, para identificarlo todo, y vivir con la mirada puesta en la cosa, en los las ideas envueltas de objetos? Se que estas ocupado, y que ya excedo tu limite de recursos cognitivos, pero como dejar de decirte que tu vida es un mosaico maravilloso de cosas (aunque todas ellas sean como las acuarelas, y tu mente lo llene todo de rocío o derechamente de agua), y que trae a mi mente (a mi vida) todo un recuerdo de una temporada que añoro, que apenas me atrevo a imaginar, atrapado en esta ontogenia llana y fugaz, que se aprende estudiando psicología, o trabajando en el centro de alumnos. Es como cuando estudias epistemologia, o a un tipo que tiene ésa teoría terrible, o a un amigo que escribe ésas canciones terribles. Sabes que la vida se repliega 400 veces por minuto, pero que de algun modo la de uno se dibuja igualita, todos los dias. Por eso te digo que te admiro, no por que seas cantautor, o un futuro nacional de ciencias, sino porque tienes esta casita, esa que tenía pollock en el patio. ¿Te acuerdas que tenía esa estufa? Por eso, porque vives viajando a esta pieza breve, llena de cosas que sólo a ti no se te escapan.

Un abrazo Oscar, suerte en tu día a día. Sigue escribiendo, que me haces regresar a esos lugares, en los que nunca realmente he estado, aunque asi lo haya dicho, toda una vida.

Pancho Molino.

Hugo Ortega dijo...

Que añoranza de aquellos años, mis años, cargados de preguntas en esos mismos patios que tu frecuentas, en Portugal con Marcoleta y alrededores... Buscábamos, rebuscábamos, creíamos encontrar... y sólo encontrábamos más preguntas, más ideas que no lográbamos atrapar con nuestro precario intelecto, más citas, más textos... Y nuestra minúscula realidad (o al menos eso creíamos), se nos complejizaba hasta límites insospechados.
Que añoranza de aquellos años en que creíamos en las posibles respuestas, en que falsearíamos hipótesis para sentirnos más en boga... en fin, en que al abrigo del Torremolinos y sus malta con huevo amalgamábamos a Varela, Kant, Heidegger... y aún no entendíamos nada... y seguimos sin entender nada... que nostalgia...
Tal vez debiera prosperar esa idea de tomar un café, tal vez entre todos los que llevamos algunas palabras de Varela injertadas en nuestra vida podamos hacerlo emerger, como si de un cuento de Borges se tratara...

Anónimo dijo...

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