jueves, abril 13, 2006

Dios del fracaso

En estos días veo permanentemente la imagen de dos muertos muy queridos. Junto a ellos, me amenazan dos imágenes más. En la primera, mis hermanos lloran en la escalera, mientras yo estoy junto a la cama aún tibia donde mi padre ha muerto. En la otra imagen, muchos años antes pero con una desesperanza parecida, un grupo de hombres y mujeres ven al hijo de Dios clavado en una cruz.

Una huevá que solo puede ser entendida por quien haya pasado por esto, por ver como alguien a quien amamos se muere y caer de golpe a la certeza patente de que somos incapaces de conservar la vida. Vivimos en eso, tratando de estar vivos, y siempre perdemos, fracasados de mierda, en algún momento la entropía nos gana y nos vamos a la cresta. Es un golpe invisible y desestabilizante, una corriente de confusión enorme que marea y te tira al suelo. Y ver a Jesucristo en la cruz, muerto, golpeado, hecho pedazos, es una ampliación de lo mismo. Y peor, también Dios muere, también a él llega este golpe que nos derriba a todos. Así que no sólo somos unos fracasados de mierda, sino que tenemos un Dios que fracasa con nosotros, un Dios del fracaso. Así que parece que estamos metidos en esta oscuridad hasta el cogote. Y quizás más, porque ante la muerte hay como una apertura de la oscuridad hacia los lados y hacia adelante.

Tenga cuidado, ¿no será algo arriesgado amar y confiar en un Dios que fracasa? Ni siquiera es capaz de mantenerse vivo, muere en la cruz y con eso se me ocurre que algo de ese dolor que experimentaban mis hermanos llorando en la escalera al ver a su padre muerto se hace universal.

Pero, y aquí es donde yo ya no sé qué pensar, hay algo muy misterioso que se abre a partir de la muerte. No tengo idea qué cresta es, pero se siente como que mi sangre estuviera atada a algo que ya no está aquí, pero que está allá en algún lado. Un cordelito, digámoslo con esa palabra hermosa, que antes estaba entre yo y mi padre, que se había tejido en los años de su enferemedad, y que cuando se murió no lo sentí cortarse. Lejos de eso, y he ahí el misterio, no sé adónde conduce el cordelito ahora. Si fuera una función, diría que se indefinió, que se fue a infinito, y quizás esa definición matemática es la mejor. Y no se acaba en eso, sino que determina que desde ese momento en adelante, ya no pueda ser nunca más el mismo, que la manera como entiendo la libertad y la confianza se modifiquen definitivamente.

Cuando veo que Dios se muere conmigo, y con mi padre, también este misterio se hace universal, no sé cómo ni pa’ qué. Lo que sé es que algunos puntos en el estómago se me agitan y como que conocieran el camino hacia otro lado, hacia otra cosa. En contacto con ese misterio, no hay nada que pueda hacernos olvidar esa otra cosa, que es algo así como una fuente de vida cualitativamente distinta a la que hay. Al menos yo no puedo olvidarlo.

Yo no sé por qué debería confiar, más bien, me parece que es muy riesgoso creerle a este Dios muerto y fracasado. Me parece muy probable que si le sigo termine muy mal, hecho mierda en una cruz, torturado por los milicos, qué sé yo. Pero hay un misterio inconcebible en todo esto, en que percibo que se juega la vida, y que me da para pensar.

Para pensar de rodillas en la oscuridad, y decir en voz alta cuánto me duele y cuánto no comprendo, y cuánto me dispara al infinito el misterio de la muerte de mi padre. Y la de mi Dios.

jueves, abril 06, 2006

vaya como cuesta

Cada mañana todas las ovejas despiertan mirando el mismo sol, pero hay una que voltea y cubre sus orejas y grita fuerte su color. Diablos. Le oyen pero no le oyen, es un estímulo auditivo, quiero decir; pero aparentemente siempre es subumbral. Le escuchan, digamos, pero no le oyen.
Empiezo con todo esto para quejarme de algo así como el diseño del mundo que no soporta los intentos de dedicarse al arte y la ciencia. Estas dos semanas me he dado cuenta que si uno intenta hacer experimentos, discutir inteligentemente en las reuniones de laboratorio, estudiar para las pruebas del doctorado (que duran de 9 AM a 6PM, by de way), postular al FONDART, enviar un demo, organizar conciertos y componer canciones, vivirá con cueva hasta los 25 años. Esos son dos años más de lo que tengo. Diablos.
Todos saben que es tan lindo hacer arte, y todo saben que es tan lindo hacer ciencia. Todos saben, pero se ubican de uno u otro lado. Ovejitas de mierda, gritemos este color negro terrible que nos tiene distinguidos en la masa, agobiados con el tiempo. He sabido de la historia de una oveja en particular que voltea y cubre sus orejas y grita fuerte su color. Se levanta, y como que se le salen colores de los ojos, su alma es de fuego con sueños encendidos, prendidos a su solapa de negra lana. Me la cuenta en una canción mi buen amigo Claudio Martínez, y me dan ganas de mandar todos estos cerebros de rata y todas estas fotos del septum medial (que hay que cuantificar para cuanto antes) a la mismísima rechucha y hacer canciones como las de Claudio y quizás con él.
Sin embargo cuando me junto con músicos (a fines del año pasado en el encuentro de cantautores en Valparaíso, por ejemplo) me descubro científico, pensando en mis amadas neuronitas y sus misterios neurotróficos.
Yo sé que se puede ser ambas cosas, que se puede amar la vida intelectual y estéticamente, desde todo ámbito, y me acuerdo del colega de hace como un siglo, Santiago Ramón y Cajal, que decía que así como los que persiguen mariposas se fascinan con el aleteo colorido, también nosotros hemos hallado en el territorio gris del cerebro unas formas elegantes y maravillosas: las mariposas del alma.
Un registro electrofisiológico es como una música rara, escrita, como mirar una pauta. Todo esto es hermoso, y una especie de pista en esa dirección es que mientras más profundamente sumido estoy en la parte científica de mi vida más músicas vienen a mi mente, esta semana del carajo hice dos nuevas canciones. Eso es algo, es como un pista, como una invitación. También lo es la canción de Claudio, lo que pasa es que el horizonte se puro esconde.
Sí, cuesta, y vaya cómo.

martes, marzo 21, 2006

arrojados


Empujados a la vida. Lanzados a la existencia aún antes que al aire libre. Primero al agua, luego a una vida seca que busca el agua.
Aparecidos, llegados de ningún lado.

Cuando la gente pregunta por el sentido de la existencia da como risa, una risa terrible y negra (qué va a tener sentido esta huevá, mejor dése cuenta ahora mismo) En todo caso, lo mejor que existir tiene, viene también dado por esta condición. Usté no viene obligado a nada, usté viene a vivir; sin pecados de origen, sino precisamente para ser original en el pecado. Nadie me hizo la más mínima pregunta, todo apareció y sigue apareciendo en pura contingencia.

Y hay algo así como un peso que aplasta y como que ahoga. Quizá por eso buscamos el agua, para ahogarnos de manera, por así decirlo, más natural. O porque libera del peso, de un peso que se diluye a partir de nuestros padres, el azar y el yo mismo que insiste en seguir viviendo. Tampoco el suicidio se puede defender, hasta Cioran murió de viejo, todo cagado de miedo: aterrorizado el muy tramposo. Quiero volver al agua, parece.

Un giro inesperado: Las señales bioquímicas que definen los ejes dorso-ventral y antero-posterior en el embrión en desarrollo están finamente reguladas, y dependen en último término de la zona del oocito por donde haya sido fecundado por el espermatozoide. La manera como se duplican las células y se distribuyen los tejidos de ahí en adelante define al lado de la fecundación como dorsal, de modo que podemos seguir el punto de entrada del espermatozoide hasta el embrión de varias semanas y reconocer que esa zona da origen a la espalda.

Ya me esperaba algo así y esto es ya decirlo todo, no sólo somos arrojados a existir, sino encima somos apuñalados con la existencia por la espalda.

domingo, marzo 12, 2006

la paciencia


Yo ya no sé qué busco, pero sé que busco.

Escucho y huelo, y parece que algo intuyo. Hago canciones y las canto, y nos gustan, las cantamos juntos y esta búsqueda se amplia a dos más, a diez, a cien. Pero no sabemos que cresta andamos buscando, un montón de huevones ciegos detrás de una intuición esquiva y gigante, que parece avisar sobre algo inmenso, señalar el infinito. O algo así.
No sé qué busco y tampoco sé lo que trato de decir con esto. Solo que trato de trazar con estas palabras el borde, los contornos de esto que es la búsqueda de algo. Y no sé qué es ese "algo", pero parece estar aquí a la vuelta, dejándose oler e intuir.
No sé cómo buscarlo, no sé dónde ni cómo. Solo me queda perseguirlo e intentar tocarlo, aunque no lo logre jamás, y solamente porque no se puede vivir de otra manera.

Esta mañana escucho versos de Manuel: "pues su corazón está cansado/ y ya no soporta la inclemencia/ y su corazón le ha aconsejado/ la paciencia"
l a p a c i e n c i a

lunes, marzo 06, 2006

el borde


Me gusta la palabra borde, porque tiene un sonido suave que agrega una como ternura a esta idea de límite, de frontera que separa una cosa de otra, que traza la línea que divide el ser y la nada. Tiene algo de la redondez de la palabra burbuja, ese tipo de ternura. Y al mismo tiempo es de una fuerza y una consistencia tremendas.

Pero es la idea lo que más me inquieta, eso que está en el límite microscópico, en un punto intermedio, indefinible. Esa sensación como de que todo límite es arbitrario e ilusorio y que habitamos un gran continuo que conecta en sentido semántico y físico tu boca con la mía, por decir algo, mi mano y tu mentón, tu pelo y mis dedos, tu pie y mi pie. Tu algo y mi algo, lo que sea: nuestros cuerpos, materia que ocupa un sitio encajado en tres dimensiones, cuatro con cueva. Y eso que está donde se acaba la magnitud de la cosa: su borde. Esa huevá esquiva y hermosa, la superficie por donde paso la mano cuando te toco, lo que es tu forma pero ya no eres tú.


Mi hermano tiene la costumbre de responder a casi todas las preguntas con "casi" y siempre pienso que no hay nada más cierto. Ha dado con una clave que tiene que ver con todo esto que no sucede nunca y que está del otro lado de la realidad, pero siempre a punto de pasar, siempre casi, siempre viniendo. Es la realidad de lo que pudo haber sido y no es, del qué hubiera pasado si y todo ese coñazo insostenible e inasible. Y que, por la cresta, es una herida abierta que produce un dolor tremendo. Otra vez, el borde.


Te miro a los ojos con una profundidad carente de bordes y parece que en ese gesto se disolvieran todos los límites por completo. Me despedía de tí siempre pensando en ese beso al borde, al borde de los labios, pero en el fondo al borde de ser otra cosa, una pista, un límite que se pisa y que tiembla. Terrible beso que no es nada, y es todo lo que siempre tuvimos y no hay más, entonces aferrarse a ese momento agónico como al borde de una cornisa para no caer, para no perder del todo la posibilidad de poseer tus labios en ese beso que en alguna dimensión paralela nos dimos y que nos damos. Y el primero fue en el auto que ahora me robaron, y ahora los recuerdos solamente están en la piel y en ninguna otra parte, y es en ese momento donde estas mujeres son todas las mujeres y cuesta tanto saber cuál es el borde. Dónde está el límite natural que me permitirá no confundir tu boca con tu boca, y besar de un lado o de otro ese borde que es límite y es frontera, frontera que se cruza, que se abre y que asusta.

El borde es esa fábrica de vértigo que trato de agarrar y se me arranca. Y en un intento de racionalizar el beso, la distancia, la mujer, paso mi mano por sobre tus contornos, trato de saber qué es esto, dónde está, cómo entenderlo,
y sobre todo hasta cuándo cresta.

lunes, febrero 27, 2006

blanco

Anteayer hojeé un buen libro: un volumen donde viene Bestiario y Deshoras, lo primero y lo último de Julio. Un círculo. Me detuve en el "diario para un cuento". Estaba un poco sensible y se me metió hasta la médula, como la mayoría de las veces que lo leo a Julio.

Esta noche estoy aquí, página en blanco delante, tratando de tomar yo también distancia de algún personaje, por último distancia del texto para poder mirarlo de lejos, poner el pulgar de lado o de frente, medir, mirar con ojo agudo y crítico y salpicar una palabra por aquí, cortar una de acá.
Y, por supuesto y tratándome de idiota, no puedo.

Me pregunto igual que él, e igual que millones de veces antes de saber que también él se lo había preguntado, por qué escribir. Para qué someterme a este martirio de estar sentado frente al lienzo, la hoja en blanco, la pantalla -misma cosa- tratando de tomar la distancia imposible, de encontrar un buen motivo para escoger escribir a no-escribir. En mi caso, ni siquiera elegir escribir a fumar, leer o escuchar un disco, sino sencillamente a no-escribir.

Y saber que no hay ninguna buena razón, que se escribe finalmente por escribir, que todo lo que se pone en medio (hasta lo contado) son excusas para formalizar, para vender. Pero se escribe porque se escribe, se escribe para abrazar la eternidad o algo así. Se escribe para no chuparse en el vacío y desaparecer devorado por la antimateria. Es una aspirina metafísica, aliviol, mejoral, una huevá que restaura la existencia, o por lo menos tranquiliza por el momento.

Se escribe esto, pudiendo escribir otra cosa, para dejar la otra cosa para mañana y poder seguir escribiendo. Jugando a que esto es arte cuando en verdad es más parecido a un vómito, que vaya a saber uno si es también arte, pero las más veces parece que no.
Alivia, de verdad que alivia. Pero, ay, que en algún punto aparte ha de detenerse uno y entonces el abismo. El abismo, el silencio, o la huevá que sea. Es eso mismo, la muerte del cuento, irse a dormir. Haber llenado la página o el pedacito de pantalla y haber juntado un conchito suficiente de tranquilidad como para cubrir el camino de la máquina a la cama y abrazar a la mujer o a la almohada, y si no es posible entonces abrazar la realidad en vez de la eternidad, cerrar los ojos y dormirse antes que la realidad le escupa a uno en la cara una dosis de aniquilamiento de la que ya no pueda uno sobreponerse, y entonces tendrá que levantarse, cubrir de vuelta la distancia y llenar otro poco el espacio inmenso, terrible y blanco de la vida.

¿Pero hasta cuándo?

miércoles, febrero 22, 2006

desconcierto



Nos vemos allí.
Reservas: web de la Casa en el Aire
Mapa ubicación: web del Patio Bellavista
Difusión: [casatomada] en blog

O.

lunes, febrero 20, 2006

test político

Después de contestar un cuestionario that also tested my english, by the way, obtuve el resultado de lo que soy políticamente. Nótese en todo caso, que no existe en este mapa político el sector comunista. Le copié la idea a Jenny, de Colombia.
Ofertas de cargos públicos, subsecretarías (ministerios aún no, por favor),
déjenme un comentario en este post y los llamaré.

domingo, febrero 19, 2006

los débiles


Antes la culpa siempre la tenían (teníamos) los comunistas. Después, cuando por alguna extraña razón ya no todos los jóvenes eran comunistas, entonces la culpa la tuvimos los jóvenes. Derribado el mito del no-estoy-ni-ahí: ahora la culpa la tienen los milicos.

Es cierto, no digamos que lo mejor de la sociedad está en las Fuerzas Armadas, ni que el pasado inmediato propicia la mejor de las imágenes. No digamos que el ejército es una institución libre de corrupción, conflictos de poder o decisiones terribles que terminan en tragedias; pero más bien me da la impresión que es el chivo expiatorio de turno. Es el modo como la sociedad civil se lava las manos de sus culpas en el quiebre de la democracia. Si usted cría un león desde pequeño, dándole a beber sangre y alimentándolo con carne humana, y su león un día se come a su vecino antipático no puede usted echarle la culpa al león. O sea, digamos, sí puede; lo que no puede es eludir su responsabilidad e imputársela entera al felino. Es igual al dicho del cojo que le echa la culpa al empedrado de la calle.

De allí la mala fama y el interés por escudriñar más profundamente lo que huele podrido en el ejército, cuando bien sabemos que el olor viene de varios lados al mismo tiempo.

Yo no soy de la idea de hacer la vista gorda, creo que todo lo sucio debe limpiarse y que la verdad conduce a la libertad. Pero tampoco soy de los pesimistas que creen que el país está podrido y condenado por la corrupción, al menos eso queda lejos de mi experiencia más inmediata. Así las cosas, me parece que se hace un gran daño al sistema social cuando se deslegitima con esta violencia y por turnos a uno de sus subsistemas a la vez, lo que es muy distinto a mantener un legítimo y permanente cuestionamiento sobre todas las instituciones de la sociedad. Ayer los débiles fueron los comunistas, otro día los funcionarios de tal ministerio, otro los parlamentarios, un día cualquiera los curas, hoy día los milicos. Los débiles oficiales, digo, porque sabemos que los débiles siempre terminan siendo los pobres cuyas historias no salen en la tele, y de las que nos desvían la atención hacia los débiles-oficiales de turno.

A mí no me gustan demasiado los ejércitos y no habría sido milico, además durante mucho tiempo me dieron miedo, pero no compro este cuento de cómo los medios nos venden chivos expiatorios por turnos, y nos bloquean la posibilidad de hacer opinión pública, de construir la realidad desde la esfera pública, y no desde la imposición de los grupos de poder. Es cierto lo que dice Villouta en la Nación Domingo, comentando que los medios construyen realidad y citando que “los medios son espacios mentales que habitamos”, pero los habitamos amarrados.

De los medios escribiré más adelante.
Hoy, ojo con los débiles: los verdaderos, los falsos,
los próximos.

viernes, febrero 17, 2006

Payasos deconstructores


No todos los payasos me gustan.
Reconozco que hay algunos que me resultan muy interesantes. Y por ahí me habría encantado conocer al famoso payaso Piripipí del que habla Jodorowsky, y su canción del dinero que tocaba tirando al piso las monedas.

Ayer ví otro montón de payasos absurdos, de esos de chistes extrañísimos y reacciones inesperadas y me acordé después de mucho tiempo de este tipo de payasos, los payasos deconstructores.

Les digo así porque quiebran totalmente el esquema que nos armamos para entender el mundo y, al revés, parecen más bien empeñados en deconstruir los acuerdos que nos permiten hacer las distinciones. Ríen, ríen todo el tiempo, de un modo irónico o burlesco, y algo hay en sus caras pintadas que pegotea lo impegoteable, de manera que terminamos riéndonos de los terribles golpes que los payasos se dan, o bien terminamos siendo víctimas humilladas de un show para que se rían otros. Y lo aceptamos de buena gana, y hasta nos da risa. Terminamos ridículos, engañados y divertidos.

El absurdo nos confunde los códigos y con ello revienta nuestra capacidad para distinguir. Quizá por eso me gusta, porque ante todo mi espectacular despliegue de un aparato teórico lleno de distinciones entre una cosa y otra, entre lo que es y lo que no es, entre sistema y entorno, el absurdo es un punto en que otra vez todo concurre a la unidad y me hace polvo el seso. No hay subsistema que lo aguante, ni siquiera un “susbsistema del absurdo”, donde la distinción fuese el absurdo, pues se entrampa en la irregularidad de lo sin-sentido, que permanentemente cambia, como huyendo de una distinción estabilizante. Lo absurdo no elige con criterios, más bien señala siempre hacia todo-lo-demás, en ese sentido es una anti-contingencia, es el resto de las posibilidades que no se escogerían si se utilizara un criterio de selección.

El absurdo es lo más cercano a la plenitud de la libertad, a la ubicuidad.
Por eso me gustan los payasos, poderosos expertos en lo ridículo
y liberadores.

al sur del sur hay un sitio que está olvidado



Me vine al sur,
y hace bastantes días.
Por eso no se me ha visto.

Pero no he dejado de escribir,
empaqué el portátil y tengo en carpeta tres textos para los que pasan a respirar conmigo acá.
No los he subido, porque la interné es algo cara y lenta acá (por más esfuerzos que hace el microempresario) y porque primero tenía que comentar que estoy en el sur, y es tan rico todo acá.

Les dejo estas tres fotos.
La casa, el lago, el cielo.

martes, febrero 07, 2006

¿habrá champiñones en el cosmos?


Pregunta insolente a la luz de los descubrimientos astronómicos.

En todo caso el contexto de la pregunta es la década de los 90's, en una reunión de amigas en que están decidiendo qué hacer para la cena. En la esquina más cercana de donde se hallaban se alzaba uno de esos supermercados "Cosmos", hoy extintos en Santiago.

Ay, el lenguaje.
El lenguaje.

domingo, febrero 05, 2006


Todo.
Lo destruye todo.
El tiempo lo destruye todo.

Y es como cuando nos arrastraban tomándonos de los pies y tratábamos de agarrarnos al suelo, al pasto, al cemento, de rasguñar el piso para engancharnos en algún sitio donde el tiempo no pase. El kayrós, el estar y ser, el zen, la unidad, la totalidad. Dios.

Todos los días nos mordemos los labios, abrazamos a la mujer, escribimos como si se nos fuera la vida en eso. Y se nos va. Por no poder sostener este instante para siempre, porque el instante se nos cae de las manos y de los ojos. Se cae y se destruye.

No sabemos cómo es lo que viene después.
Sólo sabemos que lo que tenemos no nos soporta, que se nos cae de las manos
y que se hace mierda en el suelo.
Que el tiempo lo destruye todo.

Parce que le temps détruit tout.

jueves, febrero 02, 2006

No se oye (golpe tras golpe)

Tiene la boca cerrada que hasta llegan a doler los labios,
el inferior ligeramente mordido y la lengua apretada contra los dientes.
Está convencido internamente de que de sus labios no saldrá nada de nada, ni una sola palabra. Aún sin sus lentes ve claramente la cara de la profesora de matemáticas y la desafía con su mirada rebelde y su altura discreta de sexto básico.

En medio del mareo y el cosquilleo de la asfixia, el milico le saca la cabeza del agua, la profesora de matemáticas desaparece y él inhala sin abrir la boca. Tiene treinta y ocho años y bigote de mirista.

El milico le vuelve a meter la cabeza en el agua y la asfixia lo devuelve a los doce y la clase de matemáticas. El milico lo putea, pero dentro del agua no se oye nada.
Tampoco el milico le oye decir que no va a hablar ni cagando.

Separados por el agua, dos hombres callan.






miércoles, febrero 01, 2006

Santiago frío

Hoy amaneció helado.

Ayer había miles de millones de grados celsius,
y de pronto es como si nos hubieran trasladado a Valdivia,
pero sin mar.

Santiago helado es estar en un muellecito que se adentra en un lago de la décima región con las patitas en el agua que no se mueve.
Es el olor de los caminos que recorrí a pie entre Riñihue y Futrono, es la temperatura exacta del agua de la lluvia intermitente. Caminar entre los arrayanes y los coigües en la patagonia. Ver en el suelo un apurado tornasol con cachitos y agacharse a recoger un ciervo volante.
Es el olor a humo y a tierra fresca. El sendero irreconocible en el bosque.

Lo más entrañable es eso, que el sendero sea irreconocible y no haya más la obligación de seguir un camino. El bosque como una introducción al zen. Donde hay solo el instante, un camino por hacer, sin espectativas, sin búsquedas.

Santiago está helado y yo ando con sandalias y chaleco.
Y ganas de irme al sur.

lunes, enero 30, 2006

señales contradictorias

Si un tumor es onCológico. Entonces lo que yo tengo es un cumor.
El caso es que tengo mareado el ser por el entredeux de los modos de vivir, mareado así como con esas figuritas imposibles, que parecen reales pero que no se pueden fabricar de verdad.


Una mujer escribe de su domingo soleado y lleno de sandía y piscina. Yo le digo que tuve calor pero que estuvo húmedo y lleno de nubes, gris: horroroso. Ella me dice que su domingo soleado, lleno de sandía y piscina, estuvo lleno de angustia. Diablos, pienso yo, al menos el mío fue solo en una dirección: hacia abajo. El de ella estuvo bien y mal, al mismo tiempo. Me ganó, la contradicción es lo peor.

Vengo pensando hace tiempo en esto, en lo que la mitad de mí quiere hacer y la otra mitad se niega. En las señales contradictorias que doy, cuando digo que quiero detenerme, dejar de hacer algo, pero propicio
ocasiones para seguirlo haciendo. Recuerdo escenas en que una rubia me pregunta qué hacer con todo esto y yo le digo que dejarlo hasta aquí nomás, ya basta de hacer tonteras, pero abrazarla y saber que no se puede renunciar tan fácil, que una tensión rasga la piel. Y la rubia es un símbolo de algo que sucede y sucede sin parar, aunque haya sido hace tantos años y yo sea ahora otro, con contradicciones distintas y quizás menos fatales. Sigo dando señales contradictorias y como no me basta con mi mareo y mi dolor de cabeza, contagio de mareos y neurosis a otros, y a todas las cosas.

Quisiera al menos ser una contradicción esencial, como un oximoron, un cartel que diga, "no lea este cartel". Pero no, soy multitud de carteles con instrucciones encontradas indicando a ninguna parte. Quisiera ser como cuando tenía 19 años y después de un encuentro un poco confuso con una hermosa mujer de 26 (que el año pasado se casó, canté en su matrimonio) supe que tenía que darle una señal clara de que lo nuestro no podía seguir. La invité al mismo cine, después a la misma cerveza, pero me mantuve a un metro de distancia y cachó la señal. Después fui consistente, nunca
más pasó nada entre nosotros. Ahora digo una cosa y hago otra, me mareo, me doy vértigo. Me duele la cabeza y me arde el cardias de pensar que la manera de eliminar las contradicciones es reconocer lo que no es, lo que pudiendo ser no es, lo que uno ha elegido para que no sea, que ha dejado atrás. Reconocer que uno vive la vida que eligió vivir y no las otras que dejó atrás. Que "lo que pudo haber sido" no existe.

Si no se queda atrás, lejos,
o cerca,
supongamos que cerca,
pero atrás.

Si esa "otra" realidad ausente
no
muere,

y se hace señales de tránsito.
El mareo, la migraña,
será infinito.

Vea como este dolor del mareo por contradicción puede ser un tumor en la vida. Las dos cosas están íntimamente relacionadas. Bertoni dice: "george gershwin murió a los 34/ migrañas, mareos, tumor"

O quizás cumor.
¿Qué pasa?

domingo, enero 29, 2006

[casatomada]










Siempre hemos querido tomar
nos ciertos sitios. Cuando yo estaba en el colegio, una vez los cuartos medios se lo tomaron de noche: primera experiencia con tomas. Luego no ha habido muchas, estudié en una universidad un poco indolente y pacífica. También un poco fascista, pero hemos hecho lo posible.

Me gusta el concepto de "tomarse", en el sentido de que es agarrar el sitio, pero también es un poco "bebérselo". Me emociona el sentido de apropiación, de hacer nuestro un lugar, un momento, una condición. Como en la "casa tomada" que pone Julio en su bestiario.

Creo que va llegando el tiempo en que hay que recuperar la casa, re-tomársela. Lugares que hemos ido haciendo nuestros con los años, así como lugares que nos resultan ajenos: invadirlos, llenarlos de nosotros, transformarlos.

Desde Marzo nos vamos a tomar todos los sábados la nueva Casa en el Aire del barrio Bellavista, en ese símbolo nos vamos a tomar todas las casas, todos los sitios, todas las calles. Vamos a comenzar por invadir con conciertos de música nueva este bar. Con nuevas caras, nuevas voces. El olor de una música que no existía antes, hasta que uno de nosotros la hizo.

Nos veremos allí.

jueves, enero 26, 2006

Los pasos en las huellas

Cortázar escribe sobre un escritor que persigue a un escritor y luego termina tanto poniendo sus pasos sobre los de él, que no le es posible distinguirlo. Luego yo pongo deliberadamente pasos sobre los de Cortázar, por si acaso.

Por cada paso hay un espacio curvo a penetrar,
por cada cosa hay otra.

Uno intenta e intenta mantener un espacio de coherencia,
de distancia,
y al final lo único que logra es poner los propios pasos sobre las huellas,
de otros o propias pasadas,
temidas,
pero finalmente nuestros pies solo descifran ese camino.



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domingo, enero 22, 2006

cinco extraños hábitos tuyos

(he recibido esto de sietecrisantemos: "(...)El primer jugador de este juego inicia su mensaje con el título "5 extraños hábitos tuyos". Las personas que son invitadas a escribir un mensaje en su respectivo blog a propósito de sus extraños hábitos, deben también indicar claramente este reglamento. Al final, debes escoger 5 nuevas personas y añadir el link de su blog o diario web. No olvides dejar un comentario en su blog o diario web diciendo "Has sido elegido" y dices que lean el tuyo (...)")

He hecho mis averiguaciones y este juego aún no abarca todo el mundo. Al menos no todos los idiomas. Lo he leído en español e inglés, pero no he encontrado versiones en francés o alemán. No he buscado más, disculpen mi poca rigurosidad. En todo caso, la mayor parte de la humanidad habla estos dos idiomas, y la mayor parte de las páginas web -incluso en países germanoparlantes o francófonos- están en inglés, así que no es poco. Bueno, aquí implícitas ya están dos de mis manías horribles, lo de las averiguaciones y no poder quedarse tranquilo sin saber, qué es esto, de dónde viene, quién lo inventó. La segunda es el gusto por las palabras interesantes como "francófono". Es buena. Podría haber dicho que hablan francés, pero no: francófono, superbe. En el fondo soy un latero. Vamos con mis 5 idioteces favoritas:

1. los nombres: Cada vez que conozco recién a alguien, busco la primera oportunidad para preguntarle todos sus nombres. Así escojo la mejor manera -o la que más me guste -de llamarlo. Así, por ejemplo, a la gente con la que trabajo la trato a veces por sus dos nombres, a veces por el que menos usa, y a veces por el apellido. A una de ellas cuando la saludo en la mañana es "Claudia Andrea" y por la tarde es "Señora Escudero". El año pasado hubo una época en que trabajaban en el grupo María Fernanda, María Soledad y María Paulina, lo que hacía muy interesante llamarlas "María". A mi amiga María José, siempre le he dicho por su apellido (ella me dice por mi segundo nombre) A mi polola escasas veces la trato por su nombre (tenemos decenas de alias para elegir), y si lo hago es "Bernardita Paz".

2. los cubiertos: Soy absolutamente incapaz de comer con cualquier cubierto. Necesito que no tenga diseño alguno, que pese lo suficiente y que sea en lo posible de metal sólido y de una sola pieza. Por dar un ejemplo, en mi casa hay al menos 7 tipos distintos de cuchara y yo sólo utilizo 2, que son casi idénticos entre sí. Si me ponen de otro, me levanto de la mesa y lo cambio.

3. las burbujas: Exijo que la gente tenga una cantidad de energía razonable antes de interactuar conmigo. Me pone muuuy nervioso conversar con alguien que está cansado y como atontado, o mañoso. En esos casos prefiero irme rápidamente. Necesito que la gente a mi alrededor tenga burbujitas, esté como en ebullición, o como el agua mineral con gas o la soda, con una energía burbujeante que se les arranca por arriba de la cabeza. Si no, lo paso pésimo. Entiéndase bien, usté puede estar cansado, puede estar incluso deprimido, pero no puede estar idiota, no es lo mismo. Lo que pasa es que tengo una mutación que me hace expresar pocos receptores de idiotez, entonces se me saturan muy rápido.

4. la temperatura: Me gustan las bebidas heladísimas. De 4ºC para abajo. Pero como eso es casi imposible, antes de servirme jugo o gaseosa alguna (de preferencia la gaseosa roja, la del imperio transnacional que vistió de rojo a Niklaus) pongo en el vaso todos los hielos que quepan, que usualmente van entre 7 y 9 (dependiendo del tamaño del vaso y de los cubos) Con eso me aseguro de que la temperatura va a ser practicamente 4ºC, que es -como todos saben- la temperatura de equilibrio de la interfase líquido/solido del agua.

5. sendero en el bosque: Cuando conduzco, sigo siempre las mismas rutas. Si voy al oeste, siempre bajo por Av. Grecia. Si voy al este, mi ruta es algo más complicada: subo por Duble Almeyda hasta Santa Julia, doblo hacia el norte y sigo hasta Simón Bolívar por donde continúo subiendo, por ahí llego hasta Vespucio donde otra vez voy al norte, hasta Las Arañas. Por las Arañas llego a Bilbao, y subo por ahí hasta Manquehue o Tomas Moro, dependiendo de mi destino. A veces claro, sigo por Vespucio. No todo es TAN estricto.

Algunas de mis manías más famosas no tienen nada de raras, una cosa puede ser horrible, incómoda, ofensiva y no me importa, pero si una huevá no suena bien la apago o me voy, por ejemplo a los típicos cantantes de micro torturadores los interpelo (solo porque no puedo apagarlos). Llego siempre tarde a todos lados. Podría poner más, estoy lleno de manías ridículas. Pero creo que con esto basta.

Invito a este baile a Pep, B-Berrie, Clio, Antoñita la fantástica y a Trinita.

Ánimo.

viernes, enero 20, 2006

el nombre de tu nombre


No podía pasar mucho tiempo para que también la música se metiera en todo esto.

Hace un par de días, a propósito de las aniquilaciones comenté esto de signos que no entiendo, sonidos que evocan algo que llevamos tanto tiempo sin oír.

Y como llevo tatuado el ruido de tu mano y llevo marcado el número de veces en que te he buscado, bajo el mantel,
detrás de las cortinas,
en mis ojos cerrados.
En el borde.
Entonces uno no puede quedarse así nomás, tiene que preguntarte insistentemente qué cresta hacer con esto, dónde buscarte, cuál es tu límite.
Al menos cual es tu nombre,
o el nombre de tu nombre.



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Objetos

(la lámpara y esta foto del espejo fueron hechas por Chago Errázuriz,
están en su sitio www.clonazepam.tk)


Nadie te vio, quizás ella un poco, pero poco.

Nunca como para que lo notaras desde adentro. La verdad es que el adentro estaba clausurado, y por eso estabas solo entre la gente que te quería. Nadie te vio.

Eras un objeto, un objeto genial. Un objeto sagrado, maravilloso. Vivo. VIVO, por la mierda. Hasta que se te ocurrió cambiar de forma.

Yo sé que me viste y que te ví. Conozco la muerte de cerca, me la mostró mi viejo. Así como tú conocías de la tristeza que los objetos te confesaban.

Nadie te vio.
Para cuando te buscamos -te busqué, diablos, no te conocía y te busqué-, para cuando te buscábamos ya era tarde. Cambio de forma, río abajo.
Tengo una pena negra y pego acá una foto maravillosa que hiciste. Mira qué cosas terribles.
Los objetos están más tristes. La lámpara hace una reverencia para su señor que ahora goza de vida eterna. No tiene con quien compartir su tristeza. La pego aquí para que la vean, Santiago, para que la vean ahora que tú no puedes mostrarla desde donde estás.

Nos veremos después.

miércoles, enero 18, 2006

afirmar y negar

Me cuesta decir que no, esa es la verdad.
Pero además de ser la verdad es la principal fuente de mis angustias, haberme metido en cada cacho en que tuve oportunidad durante toda mi vida.

Esta mañana pensé que quizás no es solo un problema mío, sino una cosa como de país.
Esto, lo digo como complemento a lo que escribía el otro día respecto a la diferencia entre "querer" algo y "quererlo lo suficiente". También hace falta estar atento a cuando hay que negar, entrenarse en el sano ejercicio de mandar a la cresta las espectativas de otros para atender a criterios más razonables. Eso porque de otro modo hay el inmenso riesgo de vivir la vida de otro. Qué pérdida.

No oigo a la sociedad chilena decir "no" a algo desde el plebiscito, donde ya habían tenido que pasar 17 años y miles de muertos. Mucha agua bajo el puente (y flotando en el agua, cuerpos) hizo obligatorio negarse a prolongar ese infierno.

Quizás es que comparado con eso ya nada nos escandaliza.
Pues tanto más grave.
No creo que falten cosas a las que negarse, con un movimiento de cabeza, al menos. Ojalá con voz firme, decir que no, y usar -qué delicia para los músculos del cuello, tensos y estresados de tanto afirmar- palabras potentes que maticen con fuerza nuestra negativa: inadmisible, escandaloso, impostergable, -y mi favorita- impresentable.

Conozco algunas personas que drenan su necesidad de negativa en las cajas de los supermercados, cuando les preguntan si donarían los 3 pesos a la fundación las Rosas. Me parece una cobardía mayúscula. Háganse ver.

aniquilación


Te veo y no eres solamente tú la que está ahí. Eres un signo de algo que no entiendo.
Eres el código, el sonido de un lenguaje que llevo mil años sin oir.


Te veo y no soy yo el que te ve, es mi intuición de ese código lo que primero te detecta y luego sufre. Un centro del ser que descubre mucho antes que mi cabeza qué diablos quiere decir todo esto.


Trato de señalarte o de señalar el lugar de mi cuerpo que te detecta y sufre. Lo único que logro es acordarme de esas películas de vaqueros donde amarraban a un tipo de varios caballos a sus piernas, brazos y los caballos corrían. El tipo quedaba disperso por al menos 15 kilómetros.


Cerca de mi casa cuando era chico había una animita. Se contaba que había muerto, víctima de la represión de los milicos, una niña que iba en bicicleta. Los tipos de la CNI la habían agarrado y le pidieron información. Ella no dijo nada, no sabemos si debido a su heroismo o porque no tenía nada que decir, pero no dijo nada. La soltaron, pero no sin antes poner una bomba en su mochila. La chiquilla partió en su bici y a unas cuadras del cuartel, cerca de mi casa de cuando era chico. Pum.


Hoy pienso en ella aunque nunca la ví.

Haberte visto, o haber visto ese signo que eres, es una bomba en mi cabeza que ahora me duele pulsátil y mareadora. En cualquiero momento, a unos metros de tí. Pum. Mi cabeza en mil pedazos, una animita sobre mis hombros, en el lugar donde antes había una cabeza.

Estoy aniquilado por la intuición de los signos y lenguajes que traes a mi lengua, a mi labio inferior que me muerdo (torpe intento de desactivar la bomba) Sangro y me meto en la cama para no verte, para no alimentar a la sombra que se come mi cuerpo. Para no aniquilar por completo este que todavía recuerda la animita de San Eugenio, frente a la barraca, con el tórax reventado por los milicos de mierda.

Mi aniquilación ontológica es un chiste.

viernes, enero 13, 2006

círculos


A veces me parece que efectivamente todo concurre a la unidad. Desde chico me puse a pensar qué hacer de mi vida y me costó decidirlo. Aún no sería capaz de renunciar a escribir y componer música por otra actividad pofesional, pero desde muy chico ensayé la decisión de ser investigador científico y estudiar el cerebro. Por supuesto, lo que no sabía era qué diablos hacer para dedicarme a éso, como llegar a esa pega. Pensé en ser médico, dedicarme a las enfermedades neurológicas y ahí tratar de hacer investigación, una cosa como a 12 años plazo, por supuesto. Al final terminé estudiando ciencia básica y a los dos años y medio ya tenía metidas las manos en un laboratorio de neurofisiología. Me salvé de dar la vuelta larga y el círculo se fue cerrando solo y rápido. Es increíble esto de las vueltas. Una mujer que conozco conoció a un tipo actuando juntos en una obra que él escribió, se enamoraron y fueron pareja un buen tiempo. Digamos que no era el momento para ellos, por lo que finalmente la cosa terminó en soledad para cada uno. Alguna vez les oí decir que ya que ahora no había resultado, que ya no había vuelta que darle, estaba bien separarse. Que tal vez volvieran a encontrarse en otras circunstancias. "En París, en 15 años más", bromeaban mientras se aguantaban las ganas de llorar a gritos. No volvieron a verse en algo así como 4 años. Mientras tanto fui testigo de otros círculos, casualidades donde todo concurre a juntarse. Un ejemplo reciente sucedió con un amigo con quien nos conocimos hace algo así como 10 años. Nos hemos encontrado trabajando juntos en distintas instituciones y nos vemos con alguna regularidad. Hace un mes somos concuñados. Nos conocemos hace una década y el círculo se cierra (o amenaza cerrarse) en este nodo en que nuestras pololas son hermanas. Somos casi familia. Todo se junta y se mezcla. Hace poco supe de los que se separaron y no habían vuelto a verse. Ella va a estudiar Francés. Él no tiene planes con París, pero así como van las cosas todo indica que ella ya está haciendo su parte. ¿Quién podría asegurar que determinado momento es el final de algo? Yo no me atrevería. Tiempo hay. Para lo de París, calculo que como 10 años. Tiempo suficiente para que también él aprenda este idioma que ni siquiera sabe pero que lo llama, para que el círculo se cierre. Para que concurran a la cita que se prepara en silencio y sola. Todo se junta. Estoy escuchando un disco muy bueno de Pat Metheny: se llama "First Circle". Quizás hay uno solo y eso es todo.

martes, enero 10, 2006

Don Piñi Piraña


Esto, junto a la carta "Se remata lindo país" del Pedro Lemebel, son lo mejor en opinión política que he visto en los últimos días.

Otro mundo es posible, otro Chile también.

Acomodadores y acomodados


Me parece razonable que cada quien trate de buscar síntesis y verdades personalmente, porque le da identidad a su vida. Uno es lo que elige.

Con lo que yo tendría cuidado es con los nombres que le ponemos a esas síntesis.

Hoy, un ejemplo a propósito de las reacciones ante la liberación de Mehmet Alí Agqa, el tipo que hace más de 20 años le disparó al Papa Wojtyla.

En Las Últimas Noticias viene una entrevista a Coco Pacheco, quien como católico común y silvestre -"no fanático", según sus palabras-, opina sobre la liberación del turco que casi mató a Juan Pablo II. Pacheco estaba en la Plaza de San pedro ese día y, es más, fue uno de los que agarró a Alí Agqa y lo redujo.
Según él, la multitud debería haberlo linchado ese mismo día, "se nos escapó", agrega. Cree que un tipo como ese debería haber sido fusilado o condenado a una cadena perpetua efectiva.

Resulta curioso, sin embargo, que Wojtyla lo perdonó e incluso lo visitó en la cárcel. El pidió oficialmente se le concediera el indulto en Italia para que terminara de cumplir una condena pendiente en Turquía y pudiese alguna vez salir de prisión. Eso, finalmente ocurrió el 2000 y esta semana es liberado en Turquía. Lo más probable es que lo mate algún mafioso con cuentas pendientes, la maquinaria que planeó el asesinato al Papa o algún fanático. La mayor parte del clero guarda silencio, Coco Pacheco luce su deseo de venganza. Solamente un obispo cercano a Wojtyla comentó que estaba contento y que lo tenía muy presente en su oración.

Católicos al peo, nazis farsantes disfrazados, traidores asquerosos acomodados en lugares de prestigio. Lo peor es que los hay en todos los credos: la nueva generación de budistas light, de católicos-a-su-manera, de judíos de apellido que con decir que no son ortodoxos se sienten con la libertad de traicionar todos sus principios. Cada quien elija su fórmula y acomódela a su estilo de vida: ¡no! no cambie nada, no es necesario!...sólo busque buenas explicaciones, como quien vende cualquier cosa. Lo importante es que le ponga un nombre para poder decir "soy conservador", o "defiendo los valores del humanismo cristiano". Acomódese. Qué bien se está aquí, seguro y calientito dentro de una categoría hecha a la medida.

Lo que más me mata es que no solo se trata de acomodarse, sino que esta iglesia mía, con algunos problemas de personalidad, fluctúa entre la castigadora severa y la madre joven que por hacerse la buena onda se vuelve permisiva. Esa no es la vocación de una madre, por la cresta, una madre se opone a lo que considera equivocado. Sabe que también ella puede equivocarse, pero manifiesta confiada su opinión, porque sabe que es para bien del otro.
Pero no, estamos llenos de católicos que no contentos con acomodarse, seguros y calientitos, andan linterna en mano, acomodando a otros en asientos desocupados, donde podamos estar todos tranquilos mirando en la pantalla gigante la comedia de la realidad.

Mira, Coco Pacheco. No te voy a decir eso de pastelero a tus pasteles, porque tienes todo el derecho a opinar sobre lo que se te ocurra. Tienes derecho a vivir, además, tu vida como te plazca. Pero ¿de dónde sacaste que éso es ser católico? Eso que dice en la prensa no es lo que tu iglesia, mamá y profe, te propone. Cristo mismo es el testimonio de que usted debe confiar y perdonar ante todo. La vida se juega en éso, en confiar. Y con esto juro que no estoy dramatizando, cuando digo que la vida se juega en eso, me refiero a que lo estén apuntando con una bazooca y usted confíe, a que le disparen y usted perdone, a que lo crucifiquen y usted llore de pena, de miedo, capaz que hasta de rabia, pero no de venganza, carajo.

Entiéndase bien. Aquí no se trata de que haya una especie de obligación de ser católicos para ser buenos, se trata de consistencia y de decir las cosas por su verdadero nombre. Mal que mal, Chile tuvo un presidente que siendo ateo también confió, que confió en la ley y no se separó de su puesto hasta que entraron a sacarlo. Los esperó con un casco de minero y una metralleta y le dijo al comandante que subió a buscarlo: "traidor". Cuando lo mataron (toda la patrulla disparó sobre él y el último milico le destrozó la cara con la culata del fusil) dicen que oyó una voz amistosa que le dijo: "Qué bueno que no te dedicaste a perseguirme, Salvador"

Pacheco no confía, pero eso da lo mismo. El debe pensar que la delincuencia y la violencia se acaban construyendo cárceles. El debe pensar que es mejor matar a un delincuente que matar a un Papa.

Para los que creen que las cárceles deben cambiarse por escuelas y por sueldos para los profes, que los pobres van a dejar de ser pobres y que otro mundo es posible. Confianza.

Veamos cómo nos va.

domingo, enero 08, 2006

imbecilidad


Un hito en mi vida que no creo que se repita: casi le encontré razón a Fernando Villegas. Ayer leí una entrevista suya muy vieja, siguiendo la costumbre de mi hermano chico de leer prensa atrasada. La diferencia es que él lo hace regularmente, y va como con 6 meses de retraso, de manera que juega al viajero del futuro riéndose de las espectativas de los diarios. Lo mío no tuvo, sin embargo, nada que ver con éso. Fui al baño y me distraje de la humillante labor con la entrevista a Villegas.
Como de costumbre, disparaba pesadeces contra todo, lo que a menudo produce en mí cierta simpatía, aún a pesar de que en general lo considero un guatón facho y figurón. Me da como gusto ver que mantiene la cara seria y se enoja muchísimo al hablar de la estupidez con que se hacen las cosas en nuestro país. Según él, el modo como se dan ciertos procesos históricos en Chile está fuertemente determinado por una especie de imbecilidad basal. Se me ocurrieron al tiro dos evidencias interesantes.

Evidencia primera: Por estos días, cuando falta una semana para las elecciones, la gente habla harto en la calle y en la micro sobre política. He oído muchas cosas realmente sorprendentes, pero me parece especialmente curioso la posición de los numerosos disidentes del sistema que llaman a votar nulo. ¿Cuál es el objetivo de semejante opción? Si votar nulo consiguiera un efecto anulador sobre la elección, sería raro pero sería algo: "nos declaramos incompetentes para decidir entre estas opciones", pero cuando en el sistema no está considerada esa opción, votar nulo al único que anula es al elector. Hay un voto menos en el universo electoral, y el candidato más distinto a su posición aumenta su probabilidad relativa de ser electo.
Esto sin desmedro de que cada quien en conciencia pueda decidir declararse al margen anulando su voto, pero llamar a la gente a anular el voto es sencillamente una imbecilidad que nos puede terminar convirtiendo en un país gobernado por un millonario convencido de que el estado y la empresa funcionan igual (a todo esto, ¿qué pensarán sus profesores de Harvard?)

Evidencia segunda: Respecto al mismo tema, he escuchado gente que piensa en anular o votar por Piñera porque con la concertación viene siendo siempre lo mismo e "igual vamos a tener que seguir sacándonos la cresta trabajando". Eso es imbecilidad en su estado más puro, querer traducir los procesos históricos y sociales en cambios tipo la playa de Lavín o la nieve es consecuencia de la mala influencia que han tenido en la cabeza de la gente los políticos demagogos de mierda, que precisamente eso tienen en la cabeza. La peor consecuencia de las malas y matonescas intenciones de EEUU, el borrado del cerebro ideológico, el peor fraude de los gremialistas deformados convertidos en gremlins: los problemas reales de la gente, el concepto de cambio, la inmediatez.

En mi casa estamos bien convencidos de que Villegas es un idiota, pero es un idiota con algunas buenas intuiciones, como la costumbre de discutir con Paulsen, o de ser el primer ícono televisivo del analista social cara de palo. Lo mejor de todo es que eso es un bonito metálogo (a lo Gregory Bateson) de la idiotez que el mismo denuncia, y en ese sentido es una joyita de la consistencia en el discurso.

Se me ocurren muchas más imbecilidades que comentar con ustedes, pero las dejaremos por ahora. Otro día les cuento de mi discusión con una vieja descarada en la micro que puteó tanto al micrero porque había cometido una idiotez con un viejo que iba tratando de bajar, pero le puso tanto que la tuve que retar por exagerada. Lo más curioso es que se puso a putearme a mí y me calificó de metiche: ¡la muy descarada!, le pedí que me mostrara su invitación y no quiso. Al menos me reí todo el viaje. Y fue largo, venía en una transantiago.

Ánimo

O.

viernes, enero 06, 2006

Costos (o "lo que pasa es que no te importan las cosas")

(mientras lee esto, recomiendo escuchar una canción del grupo chileno SubTerra, llamada "Secretos del Viento")

He descubierto que soy muy exigente con las personas, incluyéndom a mí. La biblioteca está vacía y me tomo un break en el estudio pa'l examen de grado para comentar algo que pudiese ser una idiotez.
Siempre he tenido una inmensa facilidad para extraviar cosas, cuando chico perdí al menos 3 veces el buzo entero del colegio, al menos 4 poleras, chalecos a granel. El celular que tengo ahora me ha durado como 2 años, pero antes de este tuve 8 en 4 años, donde el peak fue entre noviembre del 2000 y marzo del 2001: tuve 3. El límite superior de este don, quizás fue cuando en 8º básico me robaron en campamento mi mochila COM-PLE-TA. Ante todo esto mi papá solía decirme, entre preocupado y con ganas de matarme, que la causa de este mal era que a mí no me importaban las cosas. A lo que yo evidentemente me resistía y le decía que cómo podía pensar éso, que era obvio que sí me importaban.

Si bien las cosas dejaron de huir de mí sin que mi personalidad haya cambiado mucho, veo con la distancia que me dan estos años que mi papá tenía razón. No me importaban las cosas, al menos, quizás, no me importaban suficiente. He ahí la distinción crucial: "no me importaban suficiente". Lo cierto es que no se me puede culpar por el robo de mi mochila scout, pues estaba junto a las mochilas de mis otros 8 compañeros de patrulla y se robaron sólo la mía, pero no es menos cierto que si me hubiera importado especialmente, la hubiese guardado en un lugar más seguro que el resto, de manera que fuese imposible que me la robaran.

Siempre es así. Siempre hay un esfuerzo adicional que puede hacerse, sin importar cuán grandes parezcan los costos que algo tiene, si usted quiere algo, asume los costos y lo tiene. Esa es quizás las esencia mecanística de la libertad.

Por ejemplo, no podemos desconocer la responsabilidad histórica que nos compete a todos en el golpe de estado de 1973 (nada de eufemismos, la huevá fue un golpe) No es posible echarle la culpa a Patria y Libertad, o a Jaime Guzmán, ni siquiera a Pinocho o a Nixon. Cuando los milicos salieron no quisimos mandarlos a la chucha, nos quedamos en casa cagados de miedo, mientras unos pocos hicieron resistencia y fueron asesinados. Pero como sociedad no tuvimos el período de Allende completo y quebramos nuestra historia democrática PORQUE QUISIMOS, o más bien porque no quisimos evitar el golpe "lo suficiente". Es cierto que había filas hasta para mirarse al espejo, que nada garantiza que hubiese terminado todo mejor, pero es totalmente cierto que la cosa terminó como terminó porque no quisimos evitarla, o al menos no lo quisimos lo suficiente.

Un poco heavy el ejemplo, pero es así con todo. No basta con que yo quiera que me vaya bien en este examen de grado, es obvio que lo quiero, tengo que quererlo lo suficiente.

Hace un tiempo hablé con una amiga que veo poco, le propuse que nos juntáramos pronto y me dijo que tiene ganas, pero que es súper difícil, que su pololo se pone celoso. "Ese es un muy alto costo...¿no?", le dije. "Claro -me dijo- va a ser difícil". En ese momento me pareció razonable. Ahora sé que debí haberla mandado a la cresta, ahora después de un par de años, poco importa. Quizás ya no la quiero lo suficiente.

Como a las cosas.
Lo que pasa es que ahora tengo más cueva, por eso no se me pierden.
También es cierto que ahora tengo menos cosas, y me caben casi todas en el bolsillo. Quizás es por éso. Gracias, Papi.

jueves, enero 05, 2006

no me has visto



Yo sé que no me has visto,

que todavía es tarde para todo.

Quizás el tiempo no ha hecho suficiente
y haya que ser más claro, más exacto,
más triste,
menos sabio, más torpe;

más confuso,
menos puntual, incluso (como si se pudiera)
pero quitar de en medio todo lo que no deja vernos

como somos cuando todo se rompe,
a la hora en que faltan las micros,
en que gritan las putas de terror y de hambre,

a la hora en que sueño con pozos donde la gente cae

y muere,

a la hora en que tú también eres una sala de espera

de consultorio,
con Barry White orquestado y el matinal sin volumen.
Y sale del pasillo la muerte, y llama por nuestro nombre:

a esa hora habremos de mirarnos, por fin,
sin nada en medio,
esqueletos auténticos y limpios.

Yo sé que no me has visto,
que sigo siendo anónimo y tú, virgen,
más virgen que la hora previa a todo y que el ocaso.

Yo sé que no me has visto.

Tampoco yo, quizás, he visto nada vivo,
así que cuando en medio de este viento

te veo,

algo en mí cae a su sitio y todo es cierto,
y ya no necesito nada más que tus labios.


Quizá haya que cambiar de ángulo la foto,

no ha sido suficiente el paso de los años,
el ritmo de este ritmo,
mi tiempo torpe, el riesgo.
Yo sé que no me has visto.

martes, enero 03, 2006

caballos y camellos


Explico el juego: Dos filas paralelas. Todos los integrantes de cada fila, mirando hacia adelante, donde un moderador comienza contando una historia a la cual los participantes están especialmente atentos. "Caballo", todos los de la fila de la derecha corren persiguiendo y tratando de atrapar a un miembro de la otra fila, con lo cual su hueste se engrosa. Sin embargo al oírse en la historia la palabra "camello" los papeles se invierten y es la fila de la izquierda la que persigue a su contraparte. Entretenido juego, que puede durar aproximadamente media hora sin aburrir.

En el siglo primero, los cristianos fueron perseguidos por los romanos, metidos en circos, comidos por leones, torturados. Tuvieron que esconderse. La señal de un pez cuya sigla recordaba a Jesucristo fue santo y seña de los rebeldes.

En la edad media la iglesia católica institucionalizó la persecución de lo que se apartase de la norma. Todo lo progresista fue perseguido, encarcelado, torturado y eventualmente quemado. Desde San Ignacio de Loyola hasta los peores satánicos, las brujas, las santas, los filósofos, sabios, homosexuales, lo que fuere.

Cierro los ojos, tomo aire. Cuento la historia: hoy no está de moda ser católico, es practicamente sinónimo de una moral recalcitrante, de una visión del mundo absolutamente medieval. La iglesia se defiende condenando, amenazando. Nos turnamos, caballos y camellos. Los homosexuales, los progresistas, los comunistas se sienten duramente criticados y condenados, pero al revés no es mucho mejor. El revuelo en el mundo que resultó del discernimiento del cardenal Ratzinger como Papa ha abierto la herida de la discriminación en contra de lo católico, llenando de dolor a los caballos que cansados del juego -ya mucho después de la media hora recomendada para entretenerse- no quieren perseguir a nadie, sino criticar con amor, educar. Tampoco callarse, por la cresta, ni tener que caminar sobre huevos para no ofender a nadie, sino interpelar al otro con energía, pero porque se le considera y quiere.


No es verdad que la iglesia sea sorda, desde nuestra perspectiva lo católico tiene pretensiones de universalidad, y una universalidad que sintetiza, no que impone, por éso la iglesia está abierta. La iglesia católica somos los católicos, y los católicos nos sentimos interpelados por el mundo que cambia, acogemos las realidades diversas sin connotaciones morales condenatorias, tratamos de salvar la proposición del otro antes de la nuestra. Exigimos a cambio que los camellos también se salgan o se aburran al menos del juego, exigimos el derecho a interpelar a otro sin que se sienta amenazado. Detrás de todo esto no hay ganas de ser una piedra en el zapato, sino un gesto constructivo.

Esto, a propósito de que si estamos con esto (que he leído abundantemente en blogs, noticias, diarios) de las campañas de desprestigio o desinformación, he aquí una que también merece reclamo, y que lo viene mereciendo por turnos desde hace siglos. Más de media hora.

Ánimo

O.